Cuando la infiltración en rodilla no funciona

Infiltraciones en la rodilla: mi experiencia médica cuando un tratamiento no da el resultado esperado

Las infiltraciones en rodilla son uno de los tratamientos más utilizados para aliviar el dolor y mejorar la función articular en casos de desgaste o lesiones. En la gran mayoría de pacientes, ofrecen buenos resultados, especialmente cuando se aplican con criterio y experiencia.

Pero la medicina no es una ciencia exacta. A veces, un tratamiento que suele funcionar bien, no da el resultado esperado. Y cuando eso ocurre, toca revisar el caso con rigor, explicarlo con honestidad y asumir que cada cuerpo reacciona de forma distinta.

En este artículo quiero compartir una reflexión profesional sobre un caso real que no evolucionó como yo habría deseado. No para justificarme, sino para aportar transparencia y claridad sobre lo que puede pasar cuando una infiltración no alivia, e incluso genera más dolor.

El caso de ácido hialurónico en rodilla que no evolucionó como yo habría deseado

Hace unos meses recibí una reseña negativa en Google.

Era la primera en muchos años de ejercicio y, aunque soy consciente de que ninguna trayectoria médica está exenta de altibajos, reconozco que leerla me removió.

No tanto por lo que decía —que ahora compartiré— sino porque detrás de cada opinión hay una experiencia real. Y esta no fue, ni de lejos, la que yo habría deseado para ninguno de mis pacientes.

Eva Abascal Lavin
⭐☆☆☆☆
“¡Un completo desastre! El 24 de octubre el doctor Miguel Romero me hizo una infiltración en rodilla con un gel de ácido hialurónico, hoy 13 de marzo todavía estoy sufriendo las consecuencias. Estuve 3 semanas con dolores y casi sin poder andar. Volví a su consulta y me hizo una ecografía, prueba que, como me dijeron después otros profesionales, no era la correcta… Me hicieron una resonancia magnética, radiografías y, lo más importante, me quitaron el dolor. Hoy todavía estoy en recuperación… Este desastre me ha costado en total más de mil euros…”

Lo que ocurrió: antes, durante y tras la infiltración en rodilla

La paciente presentaba un desgaste articular en la rodilla ya conocido, que en el pasado había respondido bien al tratamiento con ácido hialurónico, administrado por otro profesional.

Al valorar su evolución y los síntomas que presentaba en consulta, le propuse repetir el tratamiento que ya había funcionado.

En este caso, utilicé una de las formulaciones más eficaces que suelo emplear: un ácido hialurónico premium, conocido como Hymovis One.

La infiltración se realizó sin incidencias. En los días posteriores, sin embargo, la paciente comenzó a notar un aumento del dolor tras la infiltración, acompañado de molestias al caminar.

Ante esta evolución, la cité en consulta en varias ocasiones para hacer seguimiento y comprobar que no hubiera complicaciones como una infección tras la punción o un derrame articular.

Durante esas visitas realicé varias exploraciones, incluida una ecografía de control, para valorar el estado de la articulación y descartar causas que pudieran justificar el aumento de dolor. Esta prueba no mostró alteraciones significativas.

En las exploraciones que hicimos, el dolor persistía. Y, tras dos meses de seguimiento, perdí el contacto con la paciente.

La siguiente noticia que tuve fue la publicación de su reseña en Google que te he compartido más arriba.

Cómo lo viví como traumatólogo (y los aprendizajes que extraje de ello)

Asumí este caso con la misma responsabilidad con la que encaro cada tratamiento médico.

Cuando algo no evoluciona como esperamos, lo primero que hago es revisar todo el proceso, paso a paso. Me pregunto si tomé la mejor decisión, si hubo algún factor que se me escapó, si había una alternativa más adecuada.

En este caso, tras valorar el historial clínico y la respuesta previa de la paciente a este tipo de intervención, opté por una infiltración con ácido hialurónico de alta gama, conocido como Hymovis One.

Es un producto que utilizo habitualmente y con el que he tratado a más de cien pacientes. Este fue el único caso que, tras su aplicación, ha presentado un empeoramiento de dolor que se ha prolongado en el tiempo.

La evolución no fue la que deseábamos, y eso —aunque no sea frecuente—, lamentablemente, forma parte de lo que puede ocurrir en medicina.

No todas las articulaciones responden igual, incluso ante tratamientos bien indicados y técnicamente bien realizados.

A veces, a pesar de que el procedimiento se ajusta a lo previsto, el cuerpo responde de forma inesperada. Y ese margen de incertidumbre, aunque difícil de aceptar, está presente en cualquier especialidad médica.

De modo que lo viví con la tranquilidad de haber actuado con responsabilidad, coherencia y criterio, pero también con esa sensación incómoda que se queda cuando algo no sale como esperabas.

Y de este caso extraje dos aprendizajes importantes:

Primero, seguir afinando la comunicación con el paciente para que comprenda tanto las posibilidades de éxito como los límites de cualquier tratamiento.

Y segundo, no dejar de revisar cada experiencia —especialmente las que duelen— como una oportunidad de crecimiento profesional y humano.

Infiltraciones de ácido hialurónico en rodilla efectos secundarios

Algunas claves sobre infiltraciones en rodilla que conviene saber

Aunque la mayoría de pacientes que reciben una infiltración en rodilla con ácido hialurónico experimentan una mejoría progresiva, hay casos en los que el tratamiento no da el resultado esperado.

Esto no significa necesariamente que haya habido un error en la indicación o en la técnica. A veces, el cuerpo simplemente no responde como lo ha hecho en otros casos o como lo hizo en el pasado.

Factores como el estado del cartílago, el avance del desgaste articular o el nivel de actividad física influyen en la evolución del tratamiento.

Una de las dudas más frecuentes que escucho en consulta es esta:

¿Es normal tener más dolor después de una infiltración?

Y la respuesta es: depende.

Es habitual notar molestias leves o sensación de presión durante los días posteriores a la infiltración.

En ocasiones, estas molestias pueden extenderse durante el periodo en el que se realizan las sesiones, si se pautan varias. Ese sería, en realidad, el principal efecto secundario esperado: una respuesta local transitoria, que normalmente se resuelve sola.

Por otro lado, el riesgo más relevante de este tipo de tratamiento es la infección por punción. Es muy poco frecuente, y por eso se toman todas las medidas necesarias de asepsia y control.

En mi experiencia, tras más de 1.200 infiltraciones realizadas, no he tenido que tratar ni un solo caso de infección.

Casos como el que comparto en este artículo —con dolor prolongado y evolución desfavorable— son raros, pero posibles. Y justamente por eso es importante hablar también de ellos con transparencia, para que el paciente sepa a qué atenerse y pueda tomar decisiones informadas.

Por qué hay que hablar también de lo que no sale bien (y qué hacer si has tenido una mala experiencia con una infiltración)

La mayoría de personas que acuden a consulta con dolor en la rodilla buscan una solución que funcione.

Lo entiendo perfectamente: quieren volver a moverse sin molestias, a hacer deporte, a vivir con normalidad.

Pero la medicina no siempre ofrece resultados inmediatos ni garantizados. Y aunque solemos hablar de los casos que van bien —que son la mayoría—, creo que también es importante contar los que no evolucionan como esperábamos.

Porque hablar solo de lo que funciona en traumatología distorsiona las expectativas, y deja a quienes no han tenido una buena experiencia con la sensación de que han hecho algo mal, ellos o su médico. Y no es así.

Si has pasado por una infiltración y no te ha funcionado como esperabas, lo importante es no dejarlo estar. Pide una segunda opinión si lo necesitas.

Consulta con un especialista en lesiones de rodilla. Podría ser yo, o podría ser otro, pero es fundamental es que revisen lo que se ha hecho.

A veces hay que probar otras vías, ajustar el diagnóstico o replantear el enfoque. Pero siempre hay algo que se puede hacer mejor, sobre todo si se hace con experiencia, con toda la información y con conocimiento médico actualizado.

Por mi parte, seguiré tratando cada caso con el máximo rigor y acompañando a cada paciente —también en las situaciones que se complican—, porque ahí es donde más importa hacerlo bien para reducir el dolor y las complicaciones.

PD1. Si te has quedado con alguna duda, déjala en los comentarios.

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PD3. Recuerda, si estás en Bilbao y buscas un traumatólogo especialista en lesiones de hombro y rodilla, podré ayudarte a recuperar tu actividad diaria y deportiva.

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